Ya, ya lo sé. Es raro ver a alguien como yo escribiendo ¿verdad?
Piensalo bien... al fin y al cabo, puedo escribir más rápido que tú, tengo ocho patas... y por lo que veo, puedo ver mejor que tú, pues tengo cuatro pares de ojos que ven mucho más allá de lo que tú o cualquiera puede ver.
Y de esto trata la historia que os vengo a contar hoy. Como bien habrás deducido, querido lector, soy una araña. En concreto una araña nacida en Salamanca, una araña charra.
Nací y crecí junto a mi graaaaaaaaaan familia en un pequeño recoveco de las calles de la bonita ciudad en la que crecí.
Mi especie no es muy dada al turismo, para nosotros es un peligro arriesgarnos a que nos pisen, nos den con una escoba o algún niño cruel nos arranque las patas. Pero yo... siempre deseé viajar, caminar, pasear y ver, sobre todo ver. Todo aquello que esa gente se paraba a ver y a fotografiar.
Así que un dia, decidí emprender mi camino. Salamanca a mis patas, y yo, incansable, siempre hacia delante.
Cuando me quise dar cuenta me di de bruces con la primera parada obligada. Y digo esto porque, como ya vaticiné antes, un niño intentó agarrarme para jugar, así que decidí subirme a la pared de esta iglesia y esto fue lo que ví:
Cuando me quise dar cuenta me di de bruces con la primera parada obligada. Y digo esto porque, como ya vaticiné antes, un niño intentó agarrarme para jugar, así que decidí subirme a la pared de esta iglesia y esto fue lo que ví:
Me quedé patidifuso (y eso es difícil porque tengo ocho) ¡Como podían esos humanos de ahi abajo ver todo desde lejos! ¡Como se permiten el lujo de perderse estos detalles! Así que, en mi primera parada, decidí que me subiría a los monumentos para ver estos detalles mas de cerca.
Cuando me iba, descubrí que estaba en la Iglesia de San Esteban. Tranquis, no soy adivino, lo leí en un cartel.
Seguí caminando hacia lo que llaman casco histórico y me topé con la preciosa catedral, un clásico de la ciudad, según dicen.
Cuando me iba, descubrí que estaba en la Iglesia de San Esteban. Tranquis, no soy adivino, lo leí en un cartel.
Seguí caminando hacia lo que llaman casco histórico y me topé con la preciosa catedral, un clásico de la ciudad, según dicen.
Era como un sueño para mí. Ver todo esto tan de cerca, ser capaz de saborear los detalles que, prácticamente a todo el mundo se le escapaban. Y yo podía verlos desde tan cerca... Los clavos de la puerta de la catedral vieja, toda la decoración de sus muros...
Y cuando me encontraba embriagado del color del cielo y de la piedra de Villamayor, decidí que ya era hora de visitar algún otro lugar.
Eché de nuevo a andar, a contracorriente, puesto que un montón de jóvenes salían de un lugar al que llamaban Ponti. Eché a andar cerca de la pared, para evitar desgracias y seguí mi camino
Quería ver aquello que llamaban Casa de las Conchas, tenía curiosidad y un poco de prisa, pues empezaba a refrescar y a caer el sol, y para colmo tenía un hambre que me moría, así que decidí apresurarme. Comencé a escalar por la pared de los edificios de nuevo, y cuando me quise dar cuenta, me encontré sentado encima de una concha mirando al cielo.
Y pensé que si alguien me encontraba aquí, maldita sería mi suerte (o la suya, sobre todo si es estudiante) así que decidí descansar y esperar a que se hiciera de noche para poder irme con tranquilidad y calma, sin pies que me pisen ni niños que me quiten mis peludas patas.
Al fin se hizo de noche y pude marchar tranquilo y contento a casa. Así que deshice mis pasos con pereza y marché a mi nido. Supongo que os preguntareis que por qué no fui a ver a la rana ¡Por el amor de Dios, soy una araña! ¿tienes idea de lo que haría esa rana si me viese?